Una campaña de «ring-raje

(Emiliano Rodríguez*).-La cuenta regresiva con vistas a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) está lanzada y la batalla por seducir y convencer a ese núcleo de indecisos que aún persiste, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, se ha convertido en el objetivo cardinal de quienes competirán el próximo domingo, sobre todo para el oficialismo.

Si bien son mediciones que, a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones nacionales, se deben tomar con pinzas, los números en las encuestas que se vienen realizando no acompañan por el momento a la coalición de Gobierno, Cambiemos, en el principal distrito del país, donde la expresidenta Cristina Kirchner se mantiene al frente en las consultas de intención de voto, como precandidata a senadora por Unidad Ciudadana.

Con el mandatario Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal -que largamente mide mejor que el jefe de Estado en la Provincia- liderando la campaña en el territorio bonaerense en un rol de «presentadores oficiales» de los «candidatos del proyecto», el oficialismo se ubicaría segundo, de acuerdo con los últimos sondeos previos a los comicios, y el frente 1País de Sergio Massa y Margarita Stolbizer, tercero.

La campaña electoral ingresará esta semana decididamente en la recta final con este panorama de cara a las PASO, una convocatoria a las urnas a la que muchos le restan trascendencia, al considerarla como una especie de «gran encuesta nacional» antes de las elecciones del 22 de octubre próximo, pero que sin embargo su resultado podría tornarse significativo e incluso determinante en algunos aspectos.

¿Cuáles? La suerte que podrían correr, por ejemplo, nada más ni nada menos que los candidatos de Cambiemos (con Esteban Bullrich, Gladys González, Guillermo Montenegro y Graciela Ocaña a la cabeza), de igual modo que Massa, Stolbizer y por qué no también el justicialista Florencio Randazzo en su afán por robustecer su performance electoral casi un mes y medio más tarde.

Así como los indecisos son vistos como un verdadero botín de guerra a estas alturas de la campaña, que muestra no tanto a Cambiemos, aunque sí al propio Macri con un perfil cada vez más agresivo -fiel reflejo, en política, de que los números no cierran-, una vez cumplido el trámite de las PASO, la pulseada por el llamado «voto útil» -si existiera- debería ir cobrando mayor relevancia a medida que transcurran las semanas.

Y en el proceso de decisión de ese «voto útil», ya sea espontáneo o inducido, qué otros indicios, qué otras pautas más influyentes podrían llegar a intervenir que el resultado de una elección inmediatamente anterior, más aun cuando algunos de sus propios animadores la rotulan como una mera encuesta de alcance nacional…

El Gobierno lo sabe y le enciende velas a octubre, según admiten voceros del macrismo en diálogo con la prensa, pero sus errores podrían costar caro.

Elecciones que no motivan
Los arquitectos electorales de Cambiemos entienden que estas PASO no generan demasiada expectativa ni entusiasmo en los votantes, en especial, en aquellos de clase media, media-alta, por lo que es posible que el número de concurrentes a las urnas no resulte tan significativo.

Definitivamente, esperan una mayor asistencia en los comicios de octubre.

Sostienen incluso que es muy poco probable que esos votantes que desistan de ir a sufragar la semana que viene terminen dándole su respaldo a Unidad Ciudadana, en especial, a Cristina en la provincia de Buenos Aires.
Suponen que tanto los militantes como los partidarios del kirchnerismo, al igual que aquellos que se decidan a último momento y brinden su apoyo a la ex presidenta, acudirán a las urnas en ambas ocasiones.

También consideran los armadores políticos de Cambiemos que es improbable que quienes no voten a Cristina en las PASO le den su aval en octubre: por ese motivo, tildan de «inelástico» tanto el techo como el piso del caudal de sufragios que, eventualmente, podría atesorar la ex jefa de Estado, del orden del 30 por ciento, puntos más, puntos menos.

En este contexto, opinan que notoriamente la contienda por destacarse en la «amplia avenida del medio» la estaría ganando Massa, en perjuicio de Randazzo en la provincia de Buenos Aires, donde la «grieta» no se ha visto reflejada en las últimas semanas en las consultas sobre intención de voto, ya que no existe polarización, según coincide la mayoría de los encuestadores.

Ocurre que Massa y Stolbizer, al parecer, con su alianza 1País vienen pisando fuerte en el principal distrito de la Argentina, nutriéndose con votos propios y también con el respaldo de los «desencantados», de aquellos que apoyaron la candidatura de Macri en 2015, pero que, casi dos años después, la gestión de Cambiemos les genera más reproches que elogios.

El crecimiento de Massa representa a todas luces una amenaza para el Gobierno, que si bien como estrategia de campaña insiste en apostar a la confrontación con Macri como principal orador, ha cometido recientemente algunos errores hasta de principiante se podría decir, los cuales podrían restarle apoyo en las urnas en agosto y en octubre también.

¡Están en campaña, despierten!

¿Qué ocurre con esta gente?, en serio.

Apenas días antes de unos comicios, provoca gratuitamente una incertidumbre generalizada hablando de cambios en los estatutos laborales y -aun peor- reformas en el sistema de jubilaciones; permite que el dólar se dispare y perfore el techo de los 18 pesos y libera a empresas de servicios públicos para que distribuyan facturas de ¡tres cifras!… ¡Antes de unas elecciones!

Éstos son apenas un puñado de los errores que claramente ha cometido el Gobierno en la recta final de la campaña; una campaña que en algunos sectores del populoso Conurbano bonaerense se ha convertido en una cruzada, en una especie de «ring-raje» para los precandidatos del oficialismo debido a la cantidad de quejas que reciben al tocar el timbre.

«Ding dong»… un desafío en cada puerta.
Allí donde -como se comenta habitualmente- se libra la madre de todas las batallas, en la Provincia en general y en el Gran Buenos Aires en particular, Cambiemos sabe que está obligado a despegarse lo máximo posible de Massa y a no alejarse demasiado de Cristina.

Si comete errores, es poco posible que lo logre, pero así está planteada la contienda en definitiva.

Los estrategas políticos del Gobierno, con el «gurú» ecuatoriano Jaime Durán Barba a la cabeza -¿será cierto que en reuniones con candidatos admite que no sabe cómo hacer para ganarle a la ex presidenta?-, consideran que tanto el respaldo de los votantes exclusivos de octubre -los que desistieron de participar de las PASO-, como el «voto útil», el «voto a conciencia» o lisa y llanamente el «voto anti-K», acompañarán dentro de un mes y medio al que mejor haya quedado perfilado ahora en agosto para rivalizar en las urnas con Cristina y con el Gobierno también, por qué no, aunque en menor medida.

Entonces, si el kirchnerismo como aseguran los encuestadores parece estancado en su 30% de piso y techo, sin demasiado margen para crecer, será crucial para Cambiemos evitar que el massismo se transforme en las urnas en una alternativa lo suficientemente seductora para atraer no solo a los decepcionados de ocasión, sino además, el 22 de octubre que viene, a quienes vayan a votar por el «anti», ya sea Gobierno o Cristina.

En el oficialismo quieren creer que la semana próxima un número relevante de votos en favor de Massa o incluso de Randazzo no representen más que llamados de atención para la gestión de Macri, simples «tirones de orejas», antes de regresar a Cambiemos en los comicios decisivos.

Lo cierto es que los indecisos serán jueces y parte el próximo domingo, especialmente en la Provincia…
En la Capital Federal, casi como que los globos ya están inflados: da la sensación de que a Elisa «Lilita» Carrió nadie le gana.

*Secretario General de Redacción de NA
@efrodriguez012