Se cumplen 38 años del asesinato de Rodolfo Walsh

Viedma (ADN).- Un día como hoy, pero de 1977, un grupo de tareas surgido del centro clandestino de detención ESMA asesinaba al escritor y periodista Rodolfo Walsh. Su cuerpo aún sigue sin aparecer. El hombre nacido en Luis Beltrán se convirtió en un ícono del periodismo de investigación en la Argentina.

Militante político, escribió una carta a la Junta Militar el 24 de marzo de 1977 -a un año de la instauración del gobierno militar- denunciando persecución, asesinato, torturas y desapariciones, y desnudando el plan económico que instauró el golpe cívico-militar.

Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar
La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de
mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una
hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a
esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente
como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la
acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que
ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son
crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban
parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política
represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para
nueve meses más tarde.

En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio
de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el
pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en
los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones
de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como
expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de
ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e
intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas
productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación.
Una política semejante solo puede imponerse transitoriamente prohibiendo
los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e
implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas
de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales
guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra
ningún juez, abogado, periodista, observador internacional.

El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la
investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que
permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados
negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el
recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su
inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después
que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo.
Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en
diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres
represivas de anteriores dictaduras.

La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite
en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre
las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares
quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos.
El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores
medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el
“submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas.

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la
guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la
tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de
obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la
administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta
quebrarla y hacerle perder la dignidad, que perdió el verdugo, que ustedes
mismos han perdido.

La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es
asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares
descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados
combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a
diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no
está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante
ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de
represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las
acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la
voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el
Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la
muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la
comisaría de Ciudadela, forman parte de 1.200 ejecuciones en 300
supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su
mando no tuvieron muertos.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es
asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un
año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y solo 10 o 15 heridos,
proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión
es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que
revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en
40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y
la guerrilla 63 muertos.

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga
cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a
prevenir a la guerrilla y los partidos de que aun los presos reconocidos son
la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes
de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica, el
humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer
Cuerpo del Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos
Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca
Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de
fuga, ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor. (4) El asesinato de Dardo
Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros
siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el
general Suárez Mason, revela que estos episodios no son desbordes de
algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican
en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen
como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de
la Junta de Gobierno.

Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto
después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que
en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países,
por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias
fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en
las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados
hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el
Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años,
Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región
anal y fracturas visibles” según su autopsia. Un verdadero cementerio
lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San
Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia
y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de
1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre,
sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a
15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas
herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor
guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río
de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la 1ª
Brigada Aérea, sin que se enteren el general Videla, el almirante
Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que
ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos
signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del
terror que ha perdido el rumbo y solo puede balbucear el discurso de la
muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats,
durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan
José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados,
en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos
en Chile, Bolivia y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos
Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a
través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor,
sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station
Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las
que hoy sacuden a la comunidad internacional, que no han de agotarse
siquiera cuando se esclarezca el papel de esa agencia y de altos jefes del
Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia
Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global
fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de
cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace
una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del
periodista de “Prensa Libre”, Horacio Novillo, apuñalado y calcinado después
que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con
monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la
guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no
reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del
mal”.

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin
embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las
peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la
política económica de ese gobierno debe buscarse no solo la explicación de
sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres
humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40 %,
disminuido su participación en el ingreso nacional al 30 %, elevado de 6 a
18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta
familiar (11), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni
en los últimos reductos coloniales.

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de
las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo
asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la
desocupación al récord del 9 % (12) y prometiendo aumentarla con
300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los
comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido
protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros
de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no
aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de
gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40 %, el de ropa más
del 50 %, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas
populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil
supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las
Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la
rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como
si ésas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el
presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos
militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de
médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el
terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez
con que semejante política la convierte en una villa miseria de diez millones
de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las
industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras
convertidas en un solo bache porque ustedes solo pavimentan los barrios
militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo
contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de
Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno
que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar
“el país”, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto
bruto que orilla el 3 %, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por
habitante, una inflación anual del 400 %, un aumento del circulante que en
solo una semana de diciembre llegó al 9 %, una baja del 13 % en la
inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la
fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian
hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma.
Mil ochocientos millones de dólares, que equivalen a la mitad de las
exportaciones argentinas, presupuestados para Seguridad y Defensa en
1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en
la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero
industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se
elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120 %,
prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y
de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto
crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el
dólar.

Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se
aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política
económica de esa Junta solo reconoce como beneficiarios a la vieja
oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de
monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las
automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente
el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete. Un
aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976 define
la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz
en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su
presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos
pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser
baratos”.

El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido
posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento,
donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin
producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras,
valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son
hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de
los corruptos”. Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito
nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la
Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las
bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso,
rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o
Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos
cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales,
dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la
ideología que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados, no
pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los
derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir
a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el
abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun
si mataran al último guerrillero no haría más que empezar bajo nuevas
formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la
resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas
por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades
cometidas.

Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto
gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al
compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos
difíciles.