Dispersión. ADN

Hay dispersión. El peronismo de Río Negro no logra reunificarse y avanzar “todos unidos” como dice la marcha inmortalizada por Hugo del Carril. Estuvo 28 años esperando para llegar al gobierno y una vez en el poder y tras la tragedia que marcó la muerte de Carlos Soria, no supo plantearse una estrategia para mantener y consolidar ese triunfo electoral, tan remiso durante décadas.

No fue capaz de generar en torno a la figura del entonces vicegobernador Alberto Weretilneck, una propuesta superadora de esos tiempos de desconcierto y dolor que devinieron en peleas internas aún no superadas y que obsequió un espacio al actual mandatario que no sólo lo cuidó sino que lo expandió
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Ahora tiene que resurgir, sobre una base nada despreciable de un caudal electoral que siempre está cercano al 30 por ciento, pero la pregunta es cómo se reconstruye y qué dirigencia asume este desafío.

¿Qué le falta? Como decía el viejo general: unidad de concepción y unidad en la acción. Basta observar la soledad en que María Emilia Soria recorre la provincia, acompañada sólo por su hermano Martín, titular del PJ e intendente de Roca. Es más, en este peronismo desmovilizado, el proceso electoral de octubre pareciera ser un tema exclusivo de los hermanos Soria. Pocos se hacen cargo.

Sólo hay obervadores y analistas, donde la mayor parte de la dirigencia piensa en transitar lo más rápido posible las próximas elecciones nacionales, y prepararse para el juego grande del 2018, que significa la renovación de las autoridades del poderoso Congreso Justicialista y de las unidades básicas.

El Congreso es la máxima autoridad partidaria y el poderío interno de cada sector marcará el proceso interno y candidaturas para la gobernación y diputaciones provinciales en el 2019.

Este es el pensamiento generalizado. Hoy nadie piensa en disputarle la postulación a diputada a María Emilia Soria, que por otra parte y según las encuestas que encargó su hermano tiene un aceptable nivel de conocimiento, frente a otros posibles candidatos.

El justicialismo quiere reeditar el Frente para la Victoria, un espacio que convoca al Frente Grande, Kolina, MAD y el Movimiento Evita, Nuevo Encuentro y otros. Todo superestructura a decir de algunos peronistas muy críticos por la falta de políticas convocantes al conjunto del electorado, sobre todo, señalan, a quienes más sufren las consecuencias de las actuales políticas económicas nacionales.

De esta manera el justicialismo queda partido en dos: la superestructura y un amplio campo que pide el debate, elecciones internas y el fin de los acuerdos dirigenciales. “Se tienen que terminar los arreglos entre cuatro paredes”, reflexionaba ante ADN un dirigente provincial.

Hay un proceso hacia el interior de peronismo con dirigentes que recorren la provincia y que los identifica por un lado una posición crítica al presidente del PJ y por otro el reconocimiento al kirchnerismo, más allá de las cercanías y distancias que algunos plantean con la ex presidente. Sectores indolentes con el próximo proceso electoral.

Se puede mencionar a Kausa Peronista, muy activo, que reúne sectores, dirigentes en distintas puntos de la provincia, donde hay ex funcionarios, ex legisladores, ex intendentes e intendentes en actividad y referentes locales con amplio reconocimiento.

Otro sector es el que trabaja en torno a Ceferino Namuncurá, ex titular de la CNC, que si bien ocupó un cargo nacional en el anterior gobierno plantea un espacio no tan cercano al kirchnerismo, mientras que procura bucear en las aguas del sindicalismo y fortalecer al PJ.

También debe mencionarse al Frente Ciudadano, un sector “más duro” y leal a Cristina Fernández, donde confluyen otras organizaciones políticas afines.

En este plano también se mueve el diputado nacional Martín Doñate, representante de La Cámpora y que ha ganado un espacio de importancia en los últimos años, sin olvidar el caudal electoral logrado en las últimas elecciones. El dirigente del Valle Medio mantiene contacto con todos los sectores, el bloque de legisladores y jefes comunales, mientras que la relación con Martín Soria se puede calificar como estratégica.

Hoy el peronismo provincial es un tablero de ajedrez con las piezas desordenadas y fuera de lugar. Las unidades básicas, en su mayoría, no funcionan y aquel rol que le adjudicaba Perón de “escuela de dirigentes” quedó en la historia del justicialismo.

Un párrafo aparte merece el sector del trabajo. El sindicalismo peronista no es tenido en cuenta por el PJ, no existe un ámbito de reconocimiento y de representación gremial, a pesar de ser considerado la columna vertebral del peronismo y para ello hay que retomar la concepción movimientista, hoy en el olvido y cada vez más reducido a la herramienta partidaria electoral.

Todas estas realidades existen, aun cuando no estén visibles. Son una realidad a pesar de la propia estructura partidaria. Un fantasma que necesita corporizarse. De lo contrario, quizás la historia le depare a este justicialismo provincial, otras décadas de ostracismo.